| El burgalés Wilebaldo Solano, último líder del POUM, ha sido hospitalizado urgentemente |
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| Escrito por Izquierda Anticapitalista de Castilla y León |
| Lunes 30 de Agosto de 2010 15:53 |
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No hace mucho que este hombre proclamaba en el cierre del acto de homenaje que, aprovechando la celebración de su 90 aniversario, le rendía la Fundación Andreu Nin, el pasado jueves, 19 de Octubre del 2006, en el Ateneo barcelonès “El capitalismo globalizado desata guerras terribles de pillaje contra los pueblas de Oriente, desangra y esclaviza a las naciones de África. Si no se lo impidiéramos, mañana traería la barbarie hasta el corazón de Europa. Más que nunca, se trata de reconstruir un movimiento obrero internacional que, ante los retos del nuevo siglo, ponga de nuevo en el orden del día el hito liberador del socialismo”. Aquel día, la voz del viejo revolucionario se rompía de emoción al evocar los compañeros y compañeras muertos en el frente durante la guerra contra el fascismo, caídos en el maquis... o asesinados por los agentes estalinistas. La lucidez del análisis tomaba enseguida, sin embargo, el relieve del recuerdo personal: “La burocracia soviética odiaba y temía al POUM. No por nuestra fuerza numérica o por lo que estábamos en condiciones de hacer de manera inmediata, sino por el ejemplo que representaba nuestra lucha en medio de la revolución española. Los ideales de un socialismo democrático, surgido del movimiento y la autoorganización de la clase obrera, hacían temblar a los privilegiados de Moscú. Porque estos ideales enlazaban con los sueños de la Revolución de Octubre y con las reivindicaciones de libertad e igualdad de la oposición de izquierdas rusa a Stalin. Y esto era una amenaza mortal para su autoridad...” (...) “Este régimen odioso se hundió definitivamente hace unos años, después de haber lanzado oprobio y desprecio sobre la bandera del socialismo. Pero la lucha continúa, contra un capitalismo que nos quiere descuajar derechos y conquistas, que amenaza el futuro de toda la humanidad...”. No hubo ninguna nostalgia en las palabras de “Wile”. He aquí alguien educado en aquella escuela incomparable de lealtad y sacrificio que serían la revolución, la guerra, la resistencia... La gente de esta clase sólo vuelve la mirada hacia el pasado para entender el presente y para preparar el futuro. “La tarea más difícil y la más importante para un partido como el nuestro, pero en el extremo inferior lo que cuenta de verdad – decía Solano al recordar los años de exilio en París y la obstinación de unos cuántos hombres y mujeres de publicar La Batalla o Tribuna Socialista – es transmitir las enseñanzas políticas tan duramente adquiridos a la nueva generación revolucionaria”. Pues bien, recibiendo un homenaje en el que ponía por delante la tarea de todo el POUM – “unos luchadores excepcionales, excepcionales...” -, el que fue amigo y discípulo de Andreu Nin reclamaba del auditorio manos jóvenes para recoger el testigo y seguir adelante. Esta actitud decidida del mismo homenajeado dio su verdadero sentido al acto, dominado por la admiración y el respeto que impone, desde la perspectiva histórica, una formación política que, como se dijo citando Albert Camus, “salvó el honor del movimiento obrero”. Y que tuvo el coraje de hacerlo cuando, retomando la acertada expresión de Víctor Serge (cuya obra Destino de una revolución, acaba de aparecer en Libros de la Frontera con un prólogo de Wilebaldo), empezaba a ser “medianoche en el siglo”. Se puede asegurar que la vivencia del POUM y su gente es inseparable del curso tumultuoso de la revolución española y sus grandes experiencias, desde la Alianza Obrera hasta las barricadas de Mayo del 37, pasando por la lucha contra el levantamiento fascista, así, hasta atravesar el resto del siglo XX, y llegar hasta fechas recientes, donde todavía mostraba su entusiasmo y conocimiento. Apenas hace más de un mes que Wilebaldo alumbró la inauguración de la Biblioteca andreu Nin, situada justamente en el mismo local donde el POPUM tuvo su imponente sede desde las jornadas de julio hasta que la represión estaliniana lo arrasó casi todo. Wilebaldo, el hombre que nunca se rindió, ha llegado a ser un símbolo, parte de unos “hechos, una historia que nuestra generación militante tuvo muchas dificultades de comprender y, a menudo, ignoró”, tal como decía Antoni Domènech, director de la revista “Sin Permiso”, desde la óptica que fue la propia de la militancia comunista del PSUC y su entorno. Y añadía Toni: “La derrota de la revolución, la guerra y la aureola de la victoria sobre el nazismo que rodeó después el régimen de Moscú y, finalmente, el largo periodo de la guerra fría, tuvieron un peso decisivo en nuestra comprensión sesgada de los acontecimientos. Importantes corrientes del movimiento obrero europeo, que se contaron entre las tendencias más creativas y combativas durante las décadas anteriores, como por ejemplo la socialdemocracia de izquierdas, el “consejismo”, el POUM o el trotskismo, serían barridos de la escena política o terriblemente aislados en la sociedad surgida de la posguerra. Ahora, las cosas cambian y la nueva generación está en muy mejores condiciones para asimilar aquello que nosotros no llegamos a saber entender. El capitalismo neoliberal se tira a una conquista y mercantilización salvaje del mundo, retomando de alguna manera el camino del colonialismo, la expansión sin freno y el militarismo que la humanidad conoció a principios del siglo XX. En el horizonte agitado de crisis y nuevas luchas sociales que dibuja la globalización neoliberal, la experiencia del POUM recobra toda su fuerza y actualidad...”. Aquel día hubo palabras de reconocimiento para su compañera Mª Teresa Carbonell, así como a “todos los hombres y mujeres" que hicieron posible el POUM, como por ejemplo Juan Andrade, Mª Teresa García, “Quique” Rodríguez, Pilar Santiago, Francesc del Cabo, Manuel Grossi, Emérita Arbonés, Vicenç Ballester, Emma Roca, Teresa Rebull, todavía animada por la pasión militante... He aquí un partido pequeño (6.000 militantes en su nacimiento, 60.000 en el decurso de la revolución) con una historia que suscita, todavía hoy en día, un interés muy superior al de otros partidos más grandes. Aquel día tan especial, se habló del significado del POUM, que, en no poca medida fue “el otro PCE”. Un espejo de aquello que el comunismo hubiera podido ser sin la enfermedad estalinista. Pero fue también una combinación pluralista de diferentes criterios, unificados por un marxismo revolucionario y abierto. Su principal tradición fue la de Maurín, antes de la revolución. Pero, si la idea según la cual la clase obrera debe liderar la revolución democrática para hacer que se transforme en socialista, más la crítica del estalinismo y la autocrítica del bolchevismo de 1921, el de Kronstadt y la prohibición de partidos y fracciones... si esto es trotskismo, pues bien, el POUM también lo fue. Y lo fue pese al mismo Trotsky, que lo juzgaba desde muy lejos. También podríamos decir que el POUM fue “bujarinista”, como Portela. O nacionalista catalán, como Arquer y Rovira. Y, de una manera soterrada, incluso “rabasaire”, como muchos de sus militantes que participaron en el proceso de municipalización de las tierras... Y también feminista, con el formidable legado de unas compañeras adelantadas a su tiempo, preludio de los movimientos que conoceríamos mucho más tarde en Europa y América. Estamos hablando pues de una herencia capital para entender hasta dónde llegó la última revolución, cuáles fueron sus grandezas y sus limitaciones: la demostración que otro comunismo fue posible”. A la pregunta: ¿Qué era lo que hacía que, tantos años después, el POUM siga suscitando interés, debates y pasiones?. La propia realidad de la lucha de clases nos aporta la respuesta. Las resistencias a la globalización, a las guerras y al saqueo de los amos del mundo, anuncian una nueva época de combates sociales a escalera planetaria. Desde las "maquilas" de Nuevo México, desde las fábricas chinas, desde las calles de Bagdad o de Beirut, desde las barriadas empobrecidas de las metrópolis... la Historia convocará un nuevo movimiento de emancipación de los oprimidos y oprimidas del mundo. Este movimiento traerá en sus genes los mismos anhelos revolucionarios que animaron al POUM. La lucha perseverante de gente como “Wile” ha contribuido. Por eso, que ahora que tememos por él, creemos que se hace necesario hacer sonar los yunques para glosar su paso por la vida. Una vida que desde muy joven latió por un ideal revolucionario que, a pesar de tantos desastres y derrotas, ahora nos aparece más importante que nunca. Seguiremos informando. |




Wilebaldo Solano (Burgos, 1916), fue en su momento el principal dirigente de las JCI durante la guerra y la revolución. Era ya un “veterano” militante del BOC, y nunca dejó de militar en el POUM… La Fundación Andreu Nin, de la que fue fundador, animador, y finalmente, presidente, no habría gozado de la proyección que posee sin su entusiasmo casi juvenil








